La sensación táctil que se experimenta al manipular una prótesis es de suma importancia. A menudo, estos dispositivos se interactúan físicamente con ellos más de lo que simplemente se observan; por lo tanto, es esencial que los materiales utilizados cumplan una serie de requisitos rigurosos. Deben ser suaves al tacto, capaces de absorber y retener el calor corporal para imitar una temperatura humana natural, y poseer una textura realista. Crucialmente, deben exhibir una consistencia variada y no uniforme —más firmes en algunas zonas y más flexibles en otras— para reflejar con precisión las estructuras anatómicas subyacentes. Lograr este efecto de «tacto real» es una tarea increíblemente compleja que requiere trabajar con una combinación sofisticada de diferentes materiales y densidades de silicona variables. Sin embargo, esta búsqueda del realismo táctil nunca debe ir en detrimento de la precisión del color visual o la forma anatómica, ni debe comprometer las funciones mecánicas o cotidianas específicas para las que fue diseñada la prótesis.


